Yo sé que todo se basa en una necesidad napoleónica de realizarte en los corazones colgantes de las muchachas en florescencias. Yo sé que todo es el dictamen de un dictador diminuto y perecedero en búsqueda de la eternidad y la destrucción a la par lo que te empuja a este sembrado y barrido de promesas en jeroglíficos. Veo las flores tiritando con tus esquivos besos y tus provocaciones a punto de caer como espada de Damocles sobre este retrato nuestro. Sabes que soy una paranoica y que me gusta anticiparme al dolor y que tarde o temprano me alejaré por el dictado de sombras de mi ego y lo haré en el momento en el que más te duela. Sabes que tenemos una edad y un sin fin de posibilidades se nos abren a cada paso en el horizonte. Un pequeño complejo de mesías aún grita en nuestro dolor ciego, el imperativo de un eco de antaño suena a marcha imperial, contemplas todo el esplendor de los corazones expectantes y me dices innumerables ambivalencias que me llegan como una bofetada a mi intelecto.
Huyo a veces de este desierto que nos envuelve, el aire quema cuando nos mecemos en las polaridades del querer, lanzas un azote añil al viento y me regresas a mi triste puesto de emperatriz. Me dices que el futuro tiene mi nombre y te digo que no me lo creo. Me quedo un poco más para aprender de ti pero no te confíes nunca de mi, tengo un Atila en el corazón.



