Es una noche fresca de primavera, mi corazón arrullado y engreído por un tango de Piazzolla se siente osado para afrontar los días venideros. Ya hace tiempo que nos baña la incertidumbre, el orden se desmorona y todo es una mezcla de hastío y efervescencia contagiada. Conforme a mi tiempo yo también quiero bullir , bullir contigo, bullir en las calles abarrotadas y rotas de esta ciudad que deviene cada mañana. Bullir y agitar el corazón de los que tuvimos todo y hoy nos señalan como deudores de un reino que agoniza. Pero AGONIZA, y sí, suena bien, suena muy bien cuando llevas en tu mirada la expresión del viejo complejo de Edipo. Suena a miel y a llanto, suena a danza zíngara serpenteando en todas las calles y plazas abiertas como flores de Mayo. Suena a pasión que estalla imitando el viejo amanecer del mundo. Es dulce el camino de lo incierto cuando dibujas el destino con tus propios pasos. Un dolor que atisba una esperanza. Ah pero aquí en mi casa, todo sigue igual, aún suena Piazzolla, y no te perdono que en noches como éstas, no vengas a dormir conmigo.
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